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miércoles, 27 de octubre de 2021

La Castañera de #Burgos

Estatua de la castañera, situada en el Paseo del Espolón, junto al Arco de Santa María, es después de la del Cid, de las estatuas más fotografiadas de la ciudad. Es de bronce y realizada en 2007 por el escultor burgalés Bruno Cuevas.

La imagen, destaca por su belleza y naturalidad, refleja una señora, ya mayor, en la calle y bien abrigada, con el plato o fuente con castañas asándose sobre el fuego. A su lado, el saco con las castañas crudas. Es un bonito homenaje a este oficio tan invernal y callejero

Durante el otoño, los burgaleses tenemos la gran suerte de tener dos en el mismo lugar, junto a la citada estatua se encuentra la “otra castañera” en su caseta de madera vendiendo sus ricas castañas.

Es una tradición difícil de determinar,  desde el paleolítico, la castaña y la bellota habían formado parte de nuestros hábitos alimenticios. Más tarde, con la expansión del cultivo de castaños por los romanos en la Península, su fruto se convirtió en la base de nuestra alimentación, bien fuera como fruto seco, bien fuera seco o molido para hacer harina.

De aquella época datan los ritos paganos y las fiestas que coincidían con la recogida del fruto y servían como agradecimiento a los dioses por la cosecha recibida.

Los orígenes más próximos de la tradición de la Castañada la vinculan a finales del siglo XVIII y derivan de los antiguos banquetes funerarios en los que no se servían otros alimentos que legumbres, frutos secos y panecillo votivos que darían lugar a los panellets. El banquete tenía un sentido simbólico de comunión con el alma de los difuntos: asando las castañas se rezaban las tres partes del rosario por los difuntos de la familia.

Hay otra versión más práctica del inicio de la tradición relacionada con los campaneros. A finales del siglo XVIII, estos debían pasar la noche de Todos los Santos haciendo sonar las campanas de todos los campanarios de los pueblos y villas. Como era una tarea dura y ardua, eran ayudados por amigos y familiares. Y para aguantar toda la noche, debían alimentarse con una comida energética: castañas, boniatos y panellets, regado con moscatel para soportar bien el frío de la noche.

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